Rosa M. Posa Guinea
Responsable del Instituto IGLHRC
Asunción


Ilustración de Neil

Desde que se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo en Argentina, se han despertado dos debates: uno interesante y el otro no sé si es un debate.

El debate interesante es el cuestionamiento del matrimonio como institución, como forma de vida e incluso iría más allá, cuestionar la misma pareja como único modo de relación amorosa, sexual.

Respecto al matrimonio en sí, hay muchas cosas que decir ¿no ha sido durante siglos la forma de opresión más brutal, silenciosa y cotidiana para miles de mujeres, es decir, su esclavitud?; (esto ya lo decía Serafina Dávalos en 1907, ella fue la primera abogada y feminista del Paraguay, que, por cierto, nunca se casó y vivía con su “compañera inseparable” ). Me dirán que se trata del matrimonio heterosexual, sí… pero realmente podemos re-significar la institución?

Además, ¿no nos siguen vendiendo a todo el mundo el mito de amor eterno y del matrimonio como la forma de consolidarlo? O sea, el amor “verdadero” dura toda la vida y parece que queda más fijo si el Estado lo reconoce, (para alguna gente todavía más si es que dios lo bendice) por eso es tan difícil salir en casos de violencia doméstica, porque el mito del amor eterno-matrimonio no se cuestiona, no se mueve. No pensamos que es un mito, sino que pensamos que es algo que no alcanzamos porque fallamos en algo. Hay mucho que hablar sobre esto… ¿De verdad el matrimonio es la forma en la que queremos encasillarnos?; ¿No se trata de una estructura opresiva?; ¿Para que luchar para obtener la misma opresión que caracterizó a la heterosexualidad obligatoria?

Por otro lado, aun cuestionando la validez de una institución caduca, es conmovedor observar como cada vez que un país lo aprueba, los sectores fundamentalistas religiosos gritan de dolor como si les hubieran clavado una flecha en el corazón, no precisamente la de Cupido… Ahí se desencadenan lo que no considero verdaderos debates, las opiniones en las que se cuestiona hasta nuestra humanidad, mensajes cargados de odio donde se nos pide que nos ocultemos, incluso que nos maten, voces que nos vinculan al delito como antes, como mucho antes… el otro día vi en un reportaje de TV un grupo en USA que rezaba para que no hubiera debates al respecto ¡increíble!

Ya que vivimos en este mundo y no en otro, pienso que es un avance en Derechos Humanos. Estoy segura que va a solucionar los problemas de mucha gente no sólo en la cuestión de bienes, herencias, sino en la tenencia de hijos e hijas, en la cobertura de seguros, en la residencia legal para cónyuges de otras nacionalidades… cuando hablamos de Derechos Humanos hablamos de responsabilidades de los Estados, reconocer a las parejas es una de ellas, o de momento es la forma en la que el Estado puede hacerlo.

La agenda del movimiento LGTBI es muy variada, aplaudo los logros de conseguir el matrimonio, pero no olvidemos la discriminación laboral, el maltrato en los servicios de salud, las travestis, gays, lesbianas, bisexuales e intersex asesinados en toda la región, las expulsiones del sistema educativo, etc. Hoy salió una noticia en el diario sobre dos lesbianas violentadas en un restaurante en Madrid ante la mirada cómplice del dueño. En España el matrimonio igualitario se aprobó en 2005, es evidente que con esa ley no se terminó la discriminación, hay mucho trabajo por hacer y en eso estamos, con y sin matrimonio.